La economía naranja. Una oportunidad para la región

La economía naranja. Una oportunidad para la región
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La economía naranja es un movimiento iniciado en Latinoamérica que impulsa a la cultura y la creatividad como generadoras de riqueza, convirtiendo al talento en el motor de nuestro crecimiento económico, a la vez que se destaca por la generación de empleo y su contribución a las exportaciones mundiales. Se presenta en nuestra región como un polo de creatividad con un gran potencial de crecimiento.

Desde hace algunos años se escucha hablar del término economía creativa o naranja. Hoy es un concepto que está revolucionando al sector creativo. En el año 2001 John Howkins, en su libro La economía creativa: cómo las personas hacen dinero de las ideas, marcó un punto de inflexión y conexión entre la creatividad y los negocios. En 2009 la UNESCO propuso una definición amplia del conjunto de las industrias culturales y las industrias creativas, al definirlas como «aquellos sectores de actividad organizada que tienen como objeto principal la producción o la reproducción, la promoción, la difusión y/o la comercialización de bienes, servicios y actividades de contenido cultural, artístico o patrimonial».

Esta definición engloba dos conceptos: el de industrias culturales y el de industrias creativas. El primero se remonta a los años treinta y cuarenta, a los trabajos de la escuela de Fráncfort, con una visión negativa, distante e incompatible entre la cultura y su comercialización. No obstante, ya en los años ochenta, el término industrias culturales fue impulsado por la UNESCO, abarcando sectores muy diversos como la música, el arte, la escritura, la moda, el diseño y las industrias de los medios, y otorgándole a dichos sectores un valor económico, social y cultural, significativo.

Ahora bien, el término industrias creativas, que comienza a utilizarse por los años noventa, se aplica a un sector productivo mucho más amplio, y engloba tanto a los bienes y servicios producidos por las industrias culturales como a la innovación, investigación y desarrollo de software. Uno de los pioneros en el desarrollo de estos temas fue Charles Landry, quien en el año 1995 publicó The Creative City. Este autor se centra en la cultura como eje para fortalecer y revitalizar la economía de una ciudad. Para ese entonces, a mediados de los años noventa, Australia y Reino Unido desarrollaron el concepto de la industria creativa, que tiene como elemento común la creatividad. Así, se produce el histórico documento Mapeo de las industrias creativas, en 1998.

Este mapeo fue el primer intento sistemático por definir y medir las industrias creativas. Fue diseñado para recoger datos sobre las industrias y promover el conocimiento del sector creativo, narrando su historia, de modo que políticos, periodistas, inversionistas, académicos y funcionarios entendieran fácilmente cómo este sector producía y aportaba a la sociedad en su conjunto. El estudio realizado durante estos años reveló la importancia económica de estas industrias, cuya actividad generaba casi un millón de empleos y 4 % del producto nacional bruto de Gran Bretaña, y facturaba 7,5 billones de libras en exportaciones. En 2006, el Reino Unido adoptó el término economía creativa como forma de representar la contribución de las industrias creativas a la vida económica y social del país.

La UNCTAD, agencia de las Naciones Unidas a cargo del comercio mundial, ha liderado el camino en los conceptos de economía creativa. En su Informe sobre la economía creativa del año 2008 (p. 6) señala cifras importantes, en tanto estas industrias representan 3,4 % del intercambio comercial mundial, 424 billones de dólares de exportaciones. «Este informe proporciona evidencia empírica de que las industrias creativas se encuentran entre los más importantes sectores emergentes y dinámicos en el comercio mundial. En el período 2000-2005, el comercio de bienes y servicios creativos aumentaron a una tasa media anual sin precedentes del 8,7 % de las exportaciones mundiales».

¿Qué es la economía naranja?

La economía creativa, que en adelante llamará economía naranja, no tiene una única definición; es un concepto desarrollado en Latinoamérica, en constante crecimiento y evolución. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) la define como «el grupo de actividades a través de las cuales las ideas se transforman en bienes y servicios culturales y creativos, cuyo valor está o podría estar protegido por derechos de propiedad intelectual»(Grazzi y Benavente, 2017, p. 9). La economía naranja es una herramienta de desarrollo cultural, social y económico. Por otro lado, convierte al talento (creciente de Latinoamérica) en el motor de nuestro crecimiento económico e incluye actividades relacionadas con tres áreas principales a) las actividades tradicionales y artísticas, b) la industria creativa, y c) las actividades que brindan apoyo creativo a las industrias tradicionales. Esta nueva forma de llamar la economía como naranja se arraiga profundamente en nuestra identidad latinoamericana. Nuestra región es una invaluable reserva creativa, con riqueza en talento e ideas.

¿Por qué se eligió el color naranja?

El color naranja representa la identidad del ecosistema creativo, se lo ha asociado a lo largo de la historia al talento y la creatividad. Es un color que nos habla de lo que somos, de lo que pensamos y de lo que soñamos ser. En Latinoamérica se seleccionó el color naranja para identificar a la economía creativa, dada la relación existente entre dicho color y el mundo de la cultura.

¿Qué áreas comprende la economía naranja?

1. Las actividades tradicionales y artísticas: literatura, artes visuales (por ejemplo, cerámica, pintura y escultura) y artes escénicas (por ejemplo, teatro, danza y ópera)

2. La industria creativa, que incluye:

  • Las industrias culturales: artesanías, editorial, audiovisual, fonografía.
  • Las creaciones funcionales: diseño de interiores, artes gráficas, ilustración, joyería, software, videojuegos, publicidad, moda, entre otros.

3. Economía cultural: Es la suma de las actividades tradicionales y artísticas con la industria cultural.

4. Actividades de apoyo creativo: diseño de producto, diseño de empaque, marketing.

¿Por qué es importante desarrollar la economía creativa o naranja?

La mayoría de las personas desconocen todavía las oportunidades que esta economía es capaz de generar en la producción de empleo. Pensemos por ejemplo en un arquitecto capaz de innovar en otros sectores como la infraestructura o en un diseñador capaz de producir una innovación en la salud. La oportunidad está en el cruce de los sectores más tradicionales con las industrias creativas. «No es casual que las industrias creativas estén creciendo a un ritmo vertiginoso. El informe más reciente de las Naciones Unidas señala que, como parte de la Agenda 2030, los países en desarrollo deben potenciar sus capacidades estadísticas que les permitan tomar decisiones basadas en la evidencia (Rodríguez Oliva, 2018, p. 19). «Las industrias creativas están entre los sectores de más rápido crecimiento a escala mundial. Impactan la generación de ingresos, la creación de empleos y los ingresos por exportaciones. Pueden crear un mejor futuro para muchos países», dijo Irina Bokova, la directora general de la UNESCO (Oppenheimer, 2018, p. 274.).

En los últimos años se ha experimentado un crecimiento exponencial del sector creativo, impulsando el crecimiento económico y el desarrollo sostenible de la sociedad en su conjunto. De acuerdo con el informe del BID, en América Latina los ingresos generados por las industrias creativas alcanzaron los 124.000 millones de dólares en 2013, mientras que en 2015 la economía naranja generó 1,9 millones de puestos de trabajos para nuestra región. El SINCA (Sistema de Información Cultural Argentina), en su informe del año 2019, refleja que el empleo cultural a nivel nacional alcanzó los 308.872 puestos de trabajo, equivalentes al 1,8% del total del trabajo privado del país, y al 1,5% de los puestos de trabajo totales (públicos y privados), superando el de los sectores energéticos (electricidad, agua y gas) y minero, que representaron cada uno el 0,6% del total. El 74% de los puestos de trabajo culturales se concentró en los sectores audiovisual, publicidad, diseño y editorial (Coyuntura Cultural, 2020, p. 3).

Este nuevo término, que UNESCO publica como economía creativa y que el BID adopta como economía naranja, entiendo que requiere del debido reconocimiento de los gobiernos, por su importante aporte a la actividad económica, el desarrollo social inclusivo y el entendimiento de los pueblos. Para esto, es preciso desarrollar políticas públicas socioculturales que permitan al ecosistema creativo encontrarse en nuevos formatos y modelos de negocios para la recuperación, el crecimiento y la sostenibilidad a largo plazo del sector.

La pandemia que nos afecta desde finales del año 2019 ha puesto al mundo en una disrupción irreversible. En este contexto, las industrias creativas, la cultura, la conectividad y la creatividad han jugado un papel fundamental ante la crisis, tratando de unir a los que debíamos estar distanciados en nuestros hogares, contribuyendo a la sanidad mental de la población y al bienestar general.

Desarrollar una economía sustentable, respetuosa del medio ambiente y del ser humano es posible incorporando en las políticas públicas, el conocimiento, el talento y las identidades de todos los ciudadanos. Esto es así tanto que las Naciones Unidas, en su Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, que adopta un plan a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, ha declarado al 2021 como Año Internacional de la Economía Creativa. Por tanto, nos encontramos en un momento histórico. Y, como sabemos, Latinoamérica tiene un potencial creativo de talento e innovación, con grandes reservas de mentes creativas. Son muchas las ciudades —Bogotá, Buenos Aires, Ciudad de México, San Pablo, Santiago de Chile, Montevideo, Cali y Rosario (la ciudad en la cual resido)— en las que se concentran artistas, emprendedores e inventores.

Por ello, «hoy en día, la prosperidad de los países depende cada vez menos de sus recursos naturales y cada vez más de sus sistemas educativos, sus científicos y sus innovadores. Los países más exitosos no son los que tienen más petróleo o más reservas de agua o más cobre o soja, sino los que desarrollan las mejores mentes y exportan productos con mayor valor agregado» (Oppenheimer, 2014, p. 11). La creatividad, el talento y la innovación son los recursos inagotables de nuestra región. Y esto es nuestra gran oportunidad, para poder aprovechar todos los beneficios que esta nueva economía nos brinda.

Por Claudia Guardia

Fuente https://dialogopolitico.org/